Las recientes decisiones tomadas por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, han venido a confirmar que en México vivimos inmersos en una democracia minimalista, de procedimientos más que de principios, de respeto a reglas con un rigor normativista, que contradice, cuando no vulnera los valores establecidos en la Constitución y las más elementales teorías de la democracia liberal contemporánea. El colmo ha sido la reciente sentencia emitida por el voto mayoritario de cuatro magistrados (minúscula intencional) que ha permitido la inscripción de Jaime Rodríguez Calderón, conocido como “El bronco”, en la contienda electoral, vía candidatura independiente. A través de una muy controversial (y controvertida) posición que incluso han llegado a suponer como “garantista”, los intérpretes de la norma electoral han dado al traste con años de esfuerzos a favor de la confianza, seguridad jurídica y legitimidad en nuestros procesos electorales. En nada han abonado a la tarea inacabable y compleja de estas épocas de brindar certeza a la democracia, cuya popularidad continúa en caída libre. No pretendo hacer un análisis exhaustivo y de fondo a dicha resolución, pues no es mi área el derecho electoral, y en aras de la responsabilidad, evitaré un pronunciamiento que no alimente el debate informado y serio, pero sí, aproximo algunas notas a sobre el exceso cometido, y los costos inmediatos para nuestra democracia que no acaba de consolidarse, y que, con este tipo de determinaciones, alarga innecesariamente su proceso de transición.

La confianza que pretendimos construir a través de un sólido e innovador andamiaje institucional a favor de la única parte que podíamos generar a través de reformas, que era la de una democracia procedimental, está en pleno retroceso. Porque eso es, una democracia formal, que no sustantiva. Para dar luz a esta definición, acudamos a Luigi Ferrajoli: Según la concepción al parecer dominante, la democracia consiste únicamente en un método de formación de las decisiones colectivas: precisamente, en el conjunto de las reglas que atribuyen al pueblo, y por lo tanto a la mayoría de sus miembros, el poder –directo o a través de representantes– de tomar decisiones. Ésta no es sólo la acepción etimológica de “democracia”, sino también la concepción unánimemente compartida –desde Kelsen a Bobbio, de Schumpeter a Dahl– de la teoría y de la filosofía política. Podemos llamar formal o procedimental a esta definición de la democracia. De hecho, ella identifica a la democracia únicamente sobre la base de las formas y de los procedimientos idóneos para garantizar la voluntad popular: en otras palabras, sobre la base del “quién” (el pueblo o sus representantes) y del “cómo” (la regla de la mayoría) de las decisiones, independientemente de sus contenidos, cualesquiera que ellos sean. (Teorías de la Democracia. Dos perspectivas comparadas. Michelangelo Bovero, Luigi Ferrajoli, Conferencias Magistrales, Instituto Nacional Electoral).

En otras ocasiones aquí mismo hemos descrito que las ausencias de ciertas condiciones (precondiciones según Bovero), impiden el paso de esta democracia procedimental, a una sustancial, pero a ésas razones, que podríamos llamar colaterales de origen, se han venido a sumar éstas que podríamos titular como consustanciales, es decir, en el cuerpo mismo de las decisiones procedimentales de ésa democracia formal, gracias a sentencias como la ya mencionada del TEPJF.

Las reglas procedimentales han venido a darle al traste a lo que pretendían garantizar: los principios que debían regir el proceso de lucha por el poder, a partir del cumplimiento de condiciones básicas; dicha vulneración incluso contradice lo que, en la teoría garantista, Ferrajoli, distinguió entre democracia adjetiva y democracia sustancial. No hay de dónde aferrarse para defender un atropello a la más mínima decencia en esta resolución.

Más allá del caso del Bronco y el Pleno de este Tribunal, el reto sigue siendo el mismo: vigilar de manera permanente la consolidación de la democracia (cuando menos en su concepción formal) y sus instituciones. No olvidemos, no omitamos, no repitamos.

@CarlosETorres_
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