Una reflexión sobre el abuso del Estado inglés que se puso por encima del derecho de los padres de este bebito.

Columna del Pbro. Luis-Fernando Valdés

A una semana del deceso del bebé inglés, la opinión pública internacional destaca que el Estado británico les arrebató a sus padres el derecho sobre su hijo. Fue un juez ––en contra del deseo de los padres– el que decidió que lo mejor para Alfie era adelantarle la muerte. ¿Puede un Estado quitar la patria potestad a nombre de una “muerte digna”?

1. Dos casos en Inglaterra. En cuestión de meses, hemos presenciado como unos jueces ingleses han prohibido a dos familias buscar una mejor atención médica para sus hijos, alegando que, como la calidad de vida de ambos bebés resultaría muy precaria, era mejor desconectarlos y dejarlos morir.

El primer caso ocurrió en julio de 2017 y fue el de Charlie Gard, un pequeño que nació con una enfermedad genética que afecta los músculos. A pesar de que en Estados Unidos e Italia le ofrecían un tratamiento, un juez negó el permiso de traslado, porque el pequeño había sufrido un daño cerebral irreversible.

El segundo fue el de Alfie Evans, a penas el pasado 28 de abril, en el que también un juez determinó, por las mismas razones de “calidad de vida”, que el pequeño debía ser desconectado; y lo dejaron morir de hambre y sed, en contra de la voluntad de sus padres.

2. ¿Quién puede decidir sobre los hijos? Como indican las palabras latinas “patria potestad”, son los padres quienes tienen la “potestad de los padres” sobre sus propios hijos, no el Estado.

En el caso de Alfie, desde diciembre de 2017, los médicos del hospital Alder Hey de Liverpool, pidieron a los tribunales que le retiraran sus padres la custodia del niño, para que éste fuera desconectado y así obtuviera una supuesta “muerte digna”.

A pesar del apoyo internacional, como el Papa Francisco, para que Alfie recibiera tratamientos fuera de Inglaterra, el hospital manifestó que confiaba en que los tribunales buscarían “el interés superior del niño”, es decir, su muerte.

Por su parte, el matrimonio Evans reiteraba a la prensa que “nosotros, sus padres, tenemos el derecho y la responsabilidad de tomar decisiones para salvarlo y trasladarlo a un hospital que respete esas decisiones”.

3. Expertos y jueces deciden por los padres. En ambos casos, los expertos médicos y los comités de bioética de los hospitales decidieron que Charlie y Alfie no debían vivir, porque tendrían condiciones de vida precarias, dado el daño cerebral que ya habían sufrido.

Esta opinión prevaleció en los tribunales, y los jueces consideraron que esa visión estaba por encima de la decisión de los papás de ambos pequeños, que deseaban conservar a sus hijitos enfermos y cuidarlos cuanto tiempo hiciera falta, además de buscar otras opciones médicas.

4. Eutanasia encubierta. El Reino Unido se proclama contrario a la eutanasia, pero en estos dos casos, los respectivos hospitales la utilizaron escudados en el principio del “interés superior” aprobado por The Nuffield Council on Bioethics. La analista italiana, Roberta Spola, hace ver que en término último quienes definen cuál es ese “interés superior” no son los padres de los niños, sino los jueces.

Una vez que los jueces determinan que el paciente ya no debe vivir, se aplica el protocolo llamado “Liverpool Care Pathway”, que consiste en suspender la nutrición y la hidración. Y esto no es una “muerte digna” sino un homicidio, pues se deja morir de hambre y sed al paciente, como en el caso de Alfie.

Epílogo. Las ideologías se imponen al sentido común. Todos entendemos que los padres aman a sus hijos y están dispuestos a cuidar a un bebé enfermo todo lo que haga falta, pero hoy se niega esto a nombre de la “calidad de vida”, según la cual no valdría la pena tener una vida con alguna carencia de salud. Pero antes que la calidad de vida está la “dignidad humana” que siempre merece vivir.

Y tanto se ha extendido esta ideología contraria a la vida, que los jueces ingleses pasaron por encima del derecho de los padres de Alfie y dictaminaron que se dejara morir al pequeño. Debemos reaccionar contra esta “cultura de la muerte”, porque es inhumana, como lo fueron los campos de concentración de Hitler y de Stalin.

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Columna del Pbro. Luis-Fernando Valdés sobre el bebito británico Alfie Evans, al que las autoridades no quieren dejar vivir.

El caso del bebé británico que sobrevivió después de ser desconectado de la respiración asistida por orden de la Corte británica, trae al debate unas preguntas sobre quién decide cuándo una persona debe dejar de vivir o cuál es la autoridad de los padres sobre sus hijos.

1. El caso del niño Alfie Evans. Thomas y Kate Evans, los papás del pequeño de 23 meses, abrieron una web para explicar la situación médica de Alfie, que es una enfermedad degenerativa neurológica aún desconocida. Ahí también dan a conocer la situación del pequeño, tanto en el Hospital Alder Hey (Liverpool) como ante la corte inglesa.

Los médicos han declarado que ya no hay que hacer ningún tratamiento, sino dejar morir al niño, argumentando que, al tener daños cerebrales, su calidad de vida sería pequeña. El pasado lunes 23, la corte aprobó que los médicos le retiraran la respiración asistida, así como la hidratación y alimentación por sonda. ¡Pero el pequeño consiguió respirar por medios propios! Además, sus padres presentaron estudios de que Alfie no sufre dolores, o sea, que el pequeño no está sufriendo.

2. El papel de la justicia británica. La opinión pública internacional ha apoyado que Alfie siga con vida. El Papa Francisco recibió al papá, Thomas Evans, y le dio todo su apoyo. El Pontífice le pidió al hospital infantil del Vaticano que hiciera lo posible y lo imposible por el pequeño.

Además, el Papa consiguió que el Estado italiano le diera a Alfie la nacionalidad italiana, para que no hubiera problemas legales para ser trasladado, y el Ministerio de Defensa de ese país puso a disposición un avión ya listo para recoger al pequeño en cualquier momento. Pero la Corte de Apelaciones de Londres rechazó la petición de que el niño fuera llevado a Roma.

3. ¿Quién decide quién tiene derecho a vivir? Esta es la gran pregunta que surge al presenciar este duro caso en que el enfermito se aferra a la vida, pero los médicos y los jueces se empeñan en que lo mejor para él es morir.

Ningún Estado debe decidir cuándo uno de sus ciudadanos puede vivir y cuándo no. Esto es un atropello a la dignidad humana. Y tampoco un Estado puede negar el derecho de ningún ciudadano a cambiar de hospital o de buscar su curación en otro país.

La periodista María Laura Avignolo reporta que en otros casos similares, no es inusual que las cortes de Gran Bretaña tomen la resolución de dejar morir al paciente, porque ahí “desconectan a las personas tras accidentes de automóviles o porque se encuentran en coma ante los costos que su tratamiento significa para el NHS, el servicio de salud británico”. Añade Avignolo que las autoridades sanitarias “también deciden no hacer tratamientos costosos con ese mismo criterio (económico)”.

4. ¿Quién tiene la autoridad sobre los hijos? El caso de Alfie Evans ha levantado polémica en Gran Bretaña sobre quién tiene el poder de tomar una decisión sobre los hijos, porque con esta sentencia, los papás de Alfie han perdido toda autoridad sobre su pequeño.

En cambio, los médicos del hospital Alder Hey son los que han decidido qué es lo mejor para el pequeño y los jueces son los que sostiene que velan por los intereses del pequeño. En un comunicado, el hospital expresó que “la prioridad principal es que Alfie reciba el tratamiento que merece para asegurar su confort, su dignidad y privacidad”. Es decir, para los médicos “el confort y la dignidad” no consisten en darle cuidados paliativos sino en dejarlo morir, en contra de la opinión de los padres del niño.

Epílogo. La “calidad de vida” es un concepto equívoco, porque las carencias de salud no pueden ser el criterio para eliminar la vida humana. Basados en esa noción de calidad de vida, los médicos y jueces del caso de Alfie, acaban de repetir lo que hicieron los nazis, cuando eliminaron a muchas personas minusválidas bajo el “parámetro” de que eran de raza inferior.

La vida humana y la dignidad de la persona son lo criterios reales que hay que retomar, para evitar tragedias como la de Alfie o la de Charlie Gard, el otro pequeño al que la justicia británica le prohibió seguir viviendo.

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En su más reciente documento, “Gaudete et exsultate”, Francisco dedica un apartado completo a los gnósticos. Pero ¿quiénes son?, ¿qué hacen?, ¿por qué su doctrina es peligrosa para la Iglesia?

1. Una vieja doctrina. “Gnosis” en griego quiere decir “conocimiento” y –como explicaba un querido profesor mío, ya fallecido, don Lucas Mateo-Seco– en el Nuevo Testamento, se llama gnosis al conocimiento de las realidades divinas, recibido por la fe como fruto de la amistad con Cristo.

En su artículo, Mateo-Seco hace ver que hubo un gnosticismo ortodoxo (el de los Padres de la Iglesia) y otro heterodoxo. Según S. Ireneo y S. Epifanio, los gnósticos no constituyen una herejía cristiana, sino una falsa religión, que tomó su ropaje externo del cristianismo.

Básicamente, esta doctrina sostiene que cada persona ya tiene “dentro de sí” el contenido de la revelación divina, la cual no sería ya lo que dice la Escritura o la Iglesia, sino lo que cada uno descubre dentro de sí mismo.

Por eso, el gnóstico busca “dentro de sí mismo” la sustancia de la propia salvación, y espera encontrarla inevitablemente, ya que ha nacido con ella. De ahí que pueda darse, “gnosis sin salvador, pero no salvación sin gnosis”; es decir, no haría falta acudir a Jesús para salvarnos.

2. La tentación de vida cristiana sin Cristo. Aquella misma doctrina se ha hecho presente, dos mil años después, “con alarmante actualidad”, también en la Iglesia de nuestra época, y se manifiesta en la actitud de quienes se aferran a la “seguridad doctrinal”, pero sin interesarse realmente ni de Jesucristo ni de los demás. (Cfr. Gaudete et exsultate, 35)

Se trata de personas que piensan que ya resolvieron su situación existencial o su vida espiritual por el mero hecho de que su mente halla alcanzado claridad, a través del estudio de la Biblia o de la teología.

Pero en realidad no es así, porque al reducir la revelación divina a su “enciclopedia de abstracciones”, se alejan de Dios y de los demás, pues prefieren “un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo”. (Cfr. n. 37)

3. Un problema real y actual. El Papa hace ver que “esto puede ocurrir dentro de la Iglesia”, tanto en los laicos de las parroquias como en profesores católicos de filosofía o teología, quienes caen en el gnosticismo al “creer que con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe y todo el Evangelio”.

Además de pretender reducir todo el conocimiento de Dios a lo que cabe en su mente, estas personas hacen difícil la vida a quienes los escuchan, pues “absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan”. (Cfr. n. 39)

Y quien “tiene respuestas a todas las preguntas” posiblemente “usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales”, olvidando que “Dios nos supera infinitamente”. Quien lo quiere todo claro y seguro “pretende dominar la trascendencia de Dios”, explica el Papa. (Cfr. n. 41)

Francisco advierte también de una “peligrosa confusión” gnóstica: la de creer que porque sabemos algo o podemos explicarlo con una determinada lógica, “ya somos santos, perfectos, mejores que la ‘masa ignorante’.” Pero en realidad, ese conocimiento debería llevar a amar más a Dios y a ser misericordiosos con el prójimo. (Cfr. nn. 45-46)

Epílogo. El gnosticismo actual toma forma de un docto “individualismo”, que se apoya en la autosuficiencia académica y en una autosuperación sin ayuda. Por eso, el Papa Francisco nos reorienta hacia el camino correcto, tanto a creyentes como a no creyentes, pues a todos nos recuerda, por una parte, que nuestra mente no agota la realidad ni sustituye a Dios y, por otra, que no nos podemos olvidar que nuestra vida está en relación con el próximo más necesitado de comprensión y ayuda.

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Después del bombardeo a Siria por parte de Estados Unidos, Inglaterra y Francia, las distintas confesiones cristianas se han unido para denunciar las injerencias de las potencias mundiales y para rezar por el final de la guerra. ¿Las diferencias religiosas son la causa de la guerra en Medio Oriente?

1. Casus belli: las armas químicas. El “motivo de guerra” para el reciente bombardeo, en el barrio de Ghouta en Damasco, fue el uso –o el supuesto empleo– de armas químicas en Duma por parte del gobierno de Bashar al Asad, el pasado 14 de abril.

Aunque las versiones sobre la existencia o no de tales armas no son unánimes, porque Rusia insiste en que fue un montaje, la realidad es que este bombardeo fue un ataque que no contó con el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, ni siquiera del Congreso de los Estados Unidos. (BBC, 14 abr. 2018)

2. Geopolítica: formar nuevos estados confesionales. Para el obispo libanés Mounir Khairallah este conflicto pone en evidencia “la lucha de intereses entre potencias”. Según este obispo maronita, desde el s. XIX, bajo los motivos religiosos que utilizan las potencias dominantes para intervenir en Siria, se ocultan intereses políticos y económicos.

Según Mons. Khairallah, “los estadounidenses hablan expresamente de un nuevo Medio Oriente”, mientra que Israel y Arabia Saudita quieren “una geografía nueva con fronteras confesionales”.

En concreto,  “como Israel es un Estado para los hebreos, se quisiera crear en Líbano un Estado para los cristianos, en Siria un Estado para los alawitas, otro para los sunitas entre Siria e Irak y una nación para los kurdos”, detalló el obispo. (Vatican Insider, 14 abr. 2018)

3. La religión como pretexto para la geopolítica. En la visión de Mons. Khairallah, el papel de las Iglesias cristianas en la zona consiste en mostrar que “se puede vivir juntos entre religiones, confesiones, pertenencias políticas, pertenencias culturales”.

Sin embargo, las potencias internacionales “buscan la guerra para demostrar que no es posible vivir juntos”, pero esos conflictos conducen “hacia los fundamentalismos o hacia los extremismos que acaban en el terrorismo”, externó el obispo libanés. (Ibídem)

4. “Una acción común a favor de la paz en Siria”. Esa fue la petición del Papa Francisco, durante el tradición rezo del Regina Coeli, en la plaza de San Pedro, al día siguiente del bombardeo. De esta manera, el Papa volvió a poner en el centro de la agenda mundial la crisis siria, una de sus prioridades geopolíticas y humanitarias desde que comenzó su Pontificado. (G. Galleazzi, 15 abr. 2018)

El día mismo del bombardeo el Pontífice romano llamó por teléfono al Patriarca ruso, Kiril, quien afirmó que la Iglesia ortodoxa pretende seguir en diálogo con el Vaticano para “detener el derramamiento de sangre en Siria”.

El Patriarca declaró también que los obispos de Roma y Moscú han emprendido “esta iniciativa convencidos de que los cristianos no pueden permanecer indiferentes frente a lo que sucede en Siria. El nuestro fue un claro diálogo de paz”. (Vatican Insider, 14 abr. 2018)

Epílogo. ¿Qué podemos hacer desde lejos por la paz en Medio Oriente? Lo primero es el deseo sincero de paz, que muchos expresamos mediante la plegaria. Pero también debemos tener un agudo sentido crítico, que nos ayude a entender que –hoy día– las diferencias confesionales no son un “motivo de guerra” real, de manera que no aceptemos que nos presenten los conflictos geopolíticos bajo la “tapadera” de una crisis religiosa.

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Se cumplieron 50 años del asesinato del gran promotor de la igualdad racial, Martín Luther King Jr. Con motivo de este aniversario, diversos medios han destacado la gran sintonía entre él y la Iglesia católica.

1. La figura de Martin Luther King. Nacido en 1929, fue hijo del pastor bautista Martin Luther King, Sr. y también él fue ministro religioso. Se casó en 1953 con Coretta Scott y tuvieron 4 hijos; obtuvo el doctorado en Teología en 1955. El reverendo King fue un protagonista fundamental en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, promovió la igualdad racial a través de la no violencia y recibió el Premio Nobel de la Paz en 1964. El 4 de abril de 1968 fue asesinado en Memphis (Tennessee). La Conferencia de obispos católicos de EUA, emitió un comunicado con motivo de este 50º aniversario, en el que se resalta que Martin Luther King “sintió que Dios lo había llamado a solidarizarse con sus hermanos y hermanas necesitados”, aun a riesgo de su vida, porque para él “lo más importante era su deseo de cumplir la voluntad de Dios”.

2. Un profeta cristiano. En 1964, Martin Luther King fue recibido en el Vaticano por Pablo VI, quien también tenía como gran meta promover la paz, y por eso instituyó, en 1968, la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra cada 1º de enero. Este mismo Papa lo definió como un “profeta de la integración racial”. Y, a tan sólo tres días del asesinato, durante la homilía del Domingo de Ramos, Pablo VI condenó este delito y pidió que su muerte tomara un “valor de sacrificio”, para que de ella saliera “una superación efectiva de las luchas raciales” y se establecieran “leyes y métodos de convivencia más conformes con la civilización moderna y con la fraternidad cristiana” (7 abr. 1968).

3. Francisco y el “sueño” de MLK. Durante el viaje apostólico a Estados Unidos en septiembre de 2015, el Papa pronunció un histórico discurso en el Congreso, en que hizo referencia al famoso mensaje del reverendo sobre la igualdad, en 1963: “tuve un sueño”, el “sueño” de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. El Pontífice explicó que este sueño de Martin Luther King “sigue resonando en nuestros corazones”, porque se trata de “sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos”. (Discurso, 24 sep. 2018)

4. La sintonía en el mensaje social. Además, aunque por vía diferentes, el mensaje del reverendo estadounidense y el del Papa latinoamericano tienen muchos puntos de contacto, porque ambos reflejan el Evangelio que proclama la igualdad entre esclavo y libre, entre hombre y mujer.

Según Mons, Ivan Jurkovic, Observador de la Santa Sede ante la Oficina de la ONU en Ginebra, hay una gran sintonía entre ambos personajes, porque Francisco cree que el único futuro digno de la persona humana es el que incluye a todos, lo cual coincide con la visión de Martin Luther King: todos podemos ser felices, pero esto sólo se produce si todos son incluidos, desde el último hasta el más privilegiado y viceversa. (Vatican News, 3 abr. 2018)

Epílogo. El mensaje de Jesucristo que nos transmite el Evangelio contiene un gran mensaje de paz y de igualdad, pero con frecuencia queda en el olvido. Por eso, siempre son necesarios grandes personajes que se empeñen en recuperar esa buena nueva, mediante sus luchas sociales y sus mensajes. Así como la Madre Teresa de Calcuta fue la gran defensora de los pobres, así también Martin Luther King fue el gran promotor de la igualdad racial.

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